junio 25, 2026

Adolescencia, Sexo y Muerte en el Campamento Miasma

Teenage Sex and Death at Camp Miasmaconfirma a Jane Schoenbrun como una de las voces más singulares del cine estadounidense contemporáneo. Si ‘I Saw the TV Glow exploraba cómo la televisión podría convertirse en un refugio para aquellas almas solitarias y reprimidas, y ‘We’re All Going to the World’s Fair examinaba la búsqueda desesperada de conexión en los espacios digitales, Camp Miasma encuentra a su autora mirando directamente hacia el cine y preguntándose qué ocurre cuando una ficción deja de ser un escape para convertirse en una parte esencial de quienes somos. Es, quizás, su obra más ambiciosa y carismática, pero también la que articula con mayor claridad las obsesiones que atraviesan toda su filmografía.

Schoenbrun utiliza la iconografía del cine de campamento, los asesinatos seriales y la figura de la final girl para reflexionar sobre la manera en que las imágenes moldean nuestra percepción de nosotros mismos. La película no trata tanto sobre la muerte o el sexo como sobre la relación afectiva que establecemos con las ficciones que consumimos, una preocupación que ha atravesado toda su filmografía. El slasher deja de ser un simple mecanismo de terror para convertirse en un lenguaje desde el cual pensar el crecimiento, el deseo y la construcción de una identidad propia.

La obra se siente mucho menos interesada en provocar sustos que en interrogar el poder emocional de las imágenes; y, sin embargo, nunca pierde de vista aquello que volvió tan fascinante al género en primer lugar. Schoenbrun comprende que el slasher también es exceso, espectáculo y placer sensorial, una celebración de la materialidad del cuerpo resumida en la expresión que la propia película reivindica: “carne y fluidos”.

En esta, su película menos melancólica y más accesible hasta la fecha, Schoenbrun parece proyectarse en pantalla y desnudarse, literal y figurativamente, ante sus mayores deseos e inquietudes artísticas. La dimensión metacinematográfica es evidente desde los primeros minutos. Kris, una joven cineasta obsesionada con la franquicia slasher Camp Miasma desde su infancia, emprende la búsqueda de Billy Presley, la actriz retirada que interpretó a la legendaria final girl de la saga. Pero Kris no persigue únicamente a una actriz olvidada: persigue una imagen que ha definido su forma de entender el mundo. Gillian Anderson encarna precisamente esa mezcla de estrella de culto, objeto de deseo y fantasma del pasado.

La película parece preguntarse qué ocurre cuando las ficciones dejan de ser relatos para convertirse en una extensión de nuestra subjetividad. La propia visión artística de Kris es deliberadamente confusa —no es casual que su ópera prima sea una reinterpretación de Psicosis desde la perspectiva de la cortina de la ducha—, pero ese quiebre termina siendo nutritivo para la franquicia, al menos bajo su perspectiva. Schoenbrun construye una mitología alrededor de Camp Miasma que recuerda a la forma en que Las Wachowski reescribieron y expandieron el universo de ‘Matrix Resurrections una obra que dialoga con su propio legado, subvierte expectativas e intenta reinventarse.

Visualmente, Schoenbrun construye un universo deliberadamente artificial, saturado de colores, decorados estilizados y referencias constantes al terror popular. Mi principal reserva aparece cuando la película intenta recrear la textura visual del slasher de los años ochenta mediante imágenes cubiertas de sangre y violencia gráfica que, sin embargo, conservan una apariencia digital demasiado evidente. Los efectos prácticos del cine de explotación de aquella época poseían una materialidad física que aquí desaparece parcialmente bajo la limpieza de la imagen contemporánea.

Adolescencia, Sexo y Muerte en el Campamento Miasma
Cortesía de MUBI Latinoamérica.

Esa convivencia entre lo analógico y lo digital sitúa la película en un territorio ambiguo, donde los recuerdos cinematográficos aparecen inevitablemente filtrados por las imágenes del presente. La frontera entre la película que vemos, la franquicia ficticia Camp Miasma y las fantasías de los personajes se vuelve cada vez más difusa, generando una experiencia donde realidad y ficción se contaminan constantemente.

La actuación de Gillian Anderson es otro de los grandes logros del film. Anderson dota a Billy Presley de una presencia magnética que permite comprender por qué Kris desarrolla una fascinación tan intensa hacia ella. La película encuentra buena parte de su fuerza emocional en esa relación ambigua entre admiración, obsesión y proyección. No se trata simplemente de una fan persiguiendo a una celebridad, sino de alguien intentando acercarse a una imagen que ha contribuido a definir quién es. En este sentido, una de las secuencias más sorprendentes del film es la extensa escena de sexo entre Kris y Billy. Schoenbrun añade capas a su obra dándole una mirada, que podría quedarse en el homenaje, al erotismo característico de aquellas películas de antaño y convierte el encuentro en una experiencia de comunión emocional, artística y cinematográfica.

“Si se vuelve demasiado real, puedes apagarlo”. ‘Teenage Sex and Death at Camp Miasma’ destaca como una de las propuestas más estimulantes del cine reciente. Schoenbrun aprovecha las posibilidades del medio, toma el cine de género y lo transforma en una herramienta para pensar la construcción de la identidad contemporánea. Para quienes hemos seguido su filmografía, resulta evidente la coherencia de su universo temático; para quienes se acercan por primera vez a su obra, el carácter lúdico y metacinematográfico de Camp Miasma puede funcionar como una puerta de entrada ideal.

Adolescencia, Sexo y Muerte en el Campamento Miasma
Cortesía de MUBI Latinoamérica.

Si bien se trata probablemente de la película que más subraya sus obsesiones autorales, también es la que las expresa con mayor libertad. El tributo al cine de género, la reivindicación de la cultura del fan y esa constante celebración de la “carne y fluidos” terminan encontrando una síntesis inesperadamente emotiva. El resultado es una obra imperfecta pero profundamente personal, capaz de dialogar con la tradición del terror sin quedar atrapada en ella. Más que un homenaje al slasher, la película es una meditación sobre el poder de las imágenes para acompañarnos, obsesionarnos y, en última instancia, ayudarnos a comprender quiénes somos.

Calificación final: ⭐️⭐️⭐️⭐️

Adolescencia, Sexo y Muerte en el Campamento Miasma‘ llegará a los cines de Latinoamérica en agosto, cortesía de MUBI.

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