
Hubo un tiempo en que las comedias para adultos no tenían miedo a incomodar. Podían ser crueles, sexuales, contradictorias. Existía una consciencia plena de que las relaciones humanas rara vez se comportan con la prolijidad que exigen las comedias románticas. ‘La Invitación‘, dirigida por Olivia Wilde, parece surgir de la nostalgia de ese cine más propio de la década de los setenta. Sin embargo, ella no se propone imitarlo, sino que lo recupera, lo actualiza y lo convierte en una de esas películas en las que reírse no es una forma de escapar de la incomodidad, sino de reconocerla.
El filme no parte de una premisa novedosa, más bien de una ventaja. La película es la adaptación estadounidense de ‘Sentimental‘, el largometraje que Cesc Gay dirigió en 2020 a partir de su propia obra teatral, ‘Los vecinos de arriba‘. Antes de llegar a la dirección de Wilde, la historia ya había demostrado su eficacia en dos escenarios y en diferentes lenguas. Los guionistas de esta adaptación, Rashida Jones y Will McCormack, no construyen desde cero el mecanismo que sostiene el relato, prefieren jugar a intervenir un cuento que funciona de manera universal y que, en efecto, el público está deseoso de volver a ver.
Adaptar una obra cuyo funcionamiento ya fue comprobado implica un particular desafío. Es necesario conservar la precisión de su estructura sin convertirla en una pieza importada, ajena a los actores y al contexto en el que se desarrolla. La dupla de Jones y McCormack toma un material con una arquitectura sólida y trasladan el conflicto hacia la universalidad. Y esa confianza en el texto se percibe desde el comienzo. No hay necesidad de introducir giros artificiales ni escapar de su premisa para sostener la atención. El principal espectáculo termina siendo la cosa más tenebrosa que existe: la de cuatro adultos hablando.
La trama se organiza alrededor de una situación tan sencilla como corrosiva. Joe (Seth Rogen) y Angela (Olivia Wilde) son un matrimonio desgastado por la rutina. Un día, Angela invita a cenar a sus vecinos de arriba, Pina (Pénelope Cruz) y Hawk (Edward Norton), una pareja más asociada con la liberación sexual, un encanto que sus vecinos han perdido desde hace tiempo. Lo que comienza como un civilizado intento de socializar, se transforma en una confrontación que revela intenciones más oscuras. Dicen que cuando dejas entrar a los vecinos a tu casa se pierde la privacidad, puesto que se aniquila la delgada línea entre lo privado y las conversaciones de pasillo. Lo especulativo se vuelve una realidad tangible. Y así, a medida que avanza la noche, queda claro que ninguna construcción es tan estable como parece.
En ese sentido, ‘La Invitación’ tiene algo que recuerda a ‘Who’s Afraid of Virginia Woolf?‘ (ya sea la adaptación fílmica de Mike Nichols como el texto original de Edward Albee, es indistinto para el análisis), aunque sustituye parte de su ferocidad trágica por un humor más contemporáneo. La casa es un escenario cerrado, teatral, donde los personajes entran, salen, se esconden y se exponen. Las palabras ocupan el centro de la acción y las revelaciones modifican toda la estructura de las relaciones. Es que una conversación puede tener la violencia de una persecución, más cuando aquello que está en juego es la imagen que una persona construyó de sí misma.

Wilde dirige este monstruo sin intentar disimular su origen. En su tercer logro como directora, aprovecha la concentración espacial para observar las reacciones, los espacios y los cambios mínimos que se dan en la corporalidad de los actores. Cada personaje llega al encuentro interpretando una versión, más o menos, controlada de sí mismo, la cual comienza a resquebrajarse a medida que avanza la velada. Aquí no interesa tanto descubrir qué esconden en esa coraza, sino contemplar el esfuerzo que invierten en seguir fingiendo que todo está bien.
Uno de los grandes méritos radica en la fuerza en el contraste entre sus actores. Seth Rogen utiliza su habitual incomodidad cómica, pero la carga de una tristeza que vuelve al personaje tan sensible como impredecible. Edward Norton convierte la seguridad de su vecino casi en una forma de provocación, donde su transparencia oscila entre lo genuino y la mera apariencia. Por otra parte, Penélope Cruz, haciendo uso de su poderosa energía, es la encargada de regular el termostato de cada escena. Su Pina es tan seductora como desconcertante, sin por ello quedar reducida a una mera fantasía. Tal como sucede con su María Elena de ‘Vicky Cristina Barcelona‘, su trabajo se potencia desde la desestabilización.
Sin embargo, en el caso de Olivia Wilde, el desafío es doble. Ocupar en simultáneo los lugares de actriz y directora supone sostener una mirada general sobre el relato al tiempo que interpreta a uno de sus personajes más expuestos. Es un ejercicio por aceptar que su propio cuerpo también forma parte del dispositivo que debe observar y, cuando es necesario, desarmar. Wilde no utiliza la dirección para proteger su interpretación, así como tampoco para concederse una posición privilegiada dentro del reparto. Lo que permite es que la cámara registre la frustración de Angela sin embellecerla y encuentra, debajo de toda hostilidad, el cansancio de una mujer que no sabe si todavía desea salvar su matrimonio o simplemente busca comprobar que continúa siendo capaz de sentir deseo.

El relato tampoco cae en la tentación de presentar a uno de los matrimonios como la alternativa frente al fracaso del otro. La libertad de Hawk y Pina puede resultar seductora, pero también es una puesta en escena. Los anfitriones están en crisis, pero tampoco se desconoce sus acuerdos ni la historia compartida. Allí reside la inteligencia del cuento, en encontrar identidad en su humor y en la negativa a resolver las contradicciones que se plantean. No se trata de ofrecer una lección sobre cómo debe funcionar una relación, sino de observar qué ocurre cuando cuatro personas se ven obligadas a expresar aquello que solo están dispuestas a insinuar.
Al final, ‘La Invitación‘ recupera un cine desaparecido mediante una comedia adulta que confía en los actores y en la inteligencia del público para interpretarlos. Es divertida, cruel, incómoda y hasta emotiva. Las catástrofes más comunes no nacen de un grito, sino de una verdad que se clava como un cuchillo rebanando un trozo de jamón (un jamón en serio).
Calificación final: 



‘La Invitación‘ llegó a los cines de Latinoamérica el pasado 9 de julio.
