
Todo el mundo sueña con grandeza, pero no todo el mundo está dispuesto a hacer lo que sea por ella. Marty Mauser (Timothée Chalamet), como cualquier protagonista en una película de los Safdie —aunque en esta solo tengamos a Josh detrás de la cámara—, está dispuesto a hacer lo que sea, lo que sea, para salir del agujero en el que se encuentra: un hoyo hecho a mano propia y que, con cada segundo, se vuelve más profundo. En ‘Marty Supremo’ vemos cómo el protagonista está dispuesto a recorrer infiernos en la Tierra por una gloria momentánea; un viaje de pesadillas que representa el intento de un joven por subir en la escalera del capitalismo estadounidense.
Chalamet es la cara de esta película, un personaje cuya ambición y sed de gloria marcan su camino y su caída en la vida. Un jugador nato en el ping pong o tenis de mesa, con un verdadero dote y un compromiso absoluto por lograr ser el mejor del mundo, Marty Mauser es un espacio vacío fuera de sus sueños y anhelos. Hay carisma ahí, hay emociones en su mirada, pero detrás de todo eso solo existe un insaciable vacío personal: la añoranza de convertirse en un símbolo de grandeza para su comunidad y el suficiente egocentrismo juvenil para creer que tiene el mundo a sus manos.
El actor de Duna da vida a este personaje, quien durante el transcurso de la historia se encuentra en posiciones cada vez más comprometedoras, de las cuales la audiencia —como pasajeros involuntarios en esta corrida por los siete infiernos— deseamos verlo caer y prevalecer al mismo tiempo.

La fortaleza de ‘Marty Supremo’ es esta valía por crear un protagonista desagradable, pero contextualizar su esfuerzo, su pelea por relevancia, de tal manera que, a momentos, es imposible no sentir el anhelo de verlo ganar.
Esto se logra gracias a la labor de Josh Safdie como director, co-guionista y co-editor, junto con Ronald Bronstein, co-guionista y co-editor del filme. Más allá que simplemente recrear un periodo tan peculiar como el Nueva York de los años cincuenta, este dúo creativo construye un mini universo de personajes que llegan a ser tan despreciables como su protagonista, presentando a Marty como un resultado del ambiente en el que creció, más que un rezagado social que arremete en contra del sistema.
Marty es el resultado del sistema, un hijo pródigo del Sueño Americano que, a pesar de esforzarse por cumplir con todos los requisitos, la vida lo sigue castigando, pasando de una pesadilla a otra mientras intenta cumplir su sueño. ‘Marty Supremo’ también tiene la ventaja de contar con un reparto coral de personajes que representan distintas figuras que se ponen en su camino, todas vistas por el protagonista como figuras inferiores, sin importar las semejanzas que haya entre él y ellos.

Entre este reparto se encuentran los dos intereses románticos del filme: Kay Stone (Gwyneth Paltrow), una exestrella de cine y socialité que se convierte en el objeto de deseo de Marty, y Rachel Mizler (Odessa A’zion), amiga de la infancia del protagonista, quien llega a convertirse en compañera de sus estafas y desaventuras. Ambas actrices muestran un fascinante tour de force con su trabajo actoral. Paltrow muestra el talento innato que siempre ha tenido, poco a poco revelando las capas que muestran quién es Stone y qué es lo que la atrae tanto a Mauser. A’zion da una actuación que la posiciona al mismo nivel que Chalamet, mostrando a Rachel como una versión femenina de Marty, sin miedo a cometer cualquier acto con tal de conseguir lo que quiere y sin medir consecuencias.
Ellas dos acompañan al protagonista en diferentes etapas de este viaje, mostrando diferentes facetas que hacen al personaje más humano en comparación de sus verdaderos contrincantes: no cualquier competidor de ping pong, sino el sistema capitalista, personificado por el empresario Milton Rockwell (Kevin O’Leary).
Detrás del esfuerzo, el caos, las aspiraciones y la gloria de ‘Marty Supremo’ tenemos a un equipo técnico maravilloso.
Aparte de la dupla Safdie-Bronstein, quienes se encargan de que el montaje sea caótico y desenfrenado, pero sin desorientar ni confundir a la audiencia, creando un balance perfecto para el viaje infernal de Mauser, Daniel Lopatin también muestra su mejor trabajo musical cinematográfico a la fecha, con una música anacronista que conecta las sensaciones y los sonidos musicales del futuro con el pasado de Marty. También contamos con Darius Kohndji, quien graba la película con planos cercanos en 35 mm, dejando al espectador en el mismo estado de tensión y claustrofobia que los protagonistas, sin perder el destello visual del filme, incluso cuando hace un cambio inesperado de formato en el tercer acto.
Todos estos aspectos refuerzan el valor técnico del filme, el cual reluce en cada uno de estos detalles: en el diseño de producción, en el vestuario y en el sorpresivo uso del maquillaje en el personaje de Chalamet.

La gloria que Marty Mauser busca se encuentra en la totalidad de ‘Marty Supremo’. Mientras el protagonista, cada vez con menos opciones para salir de los problemas en los que él mismo se ha metido, más se demuestra la habilidad de este filme para contar su historia. Tras ‘Good Time: Viviendo al límite’ (2017, Josh & Benny Safdie) y ‘Diamantes en bruto’ (2019, Josh & Benny Safdie), estas historias a contratiempo, de la misma índole que ‘Después de hora’ (1985), de Martin Scorsese, habían llegado a su punto máximo, pero Josh Safdie demuestra su compromiso con esta clase de relatos en este filme.
Supremo es todo lo que rodea a esta producción, desde la actuación principal de Timothée Chalamet, el reparto, la ambientación y los aspectos técnicos, pero nada superará esos últimos momentos del filme, cuando por primera vez en más de dos horas vemos el teatro de Marty caer y derrumbarse ante un inesperado momento de vulnerabilidad.
Tras horas de tortura, escapes y humillación, el filme termina con una toma cercana a Marty mientras “Everybody Wants to Rule the World”, de Tears for Fears, suena. Estos momentos finales resuenan más allá de esta última imagen. Nada nunca dura para siempre, ni la gloria ni el éxito, pero de todas formas lo intentamos, sin saber cual será el resultado de nuestros estragos ni si llegaremos reconocer la persona que seremos al final.
‘Marty Supremo’ es un relato de supervivencia sobre cómo la maquinaria capitalista aplasta a cualquiera que encuentre indigno, sin importar el esfuerzo mostrado, el parecido moral ni el resultado final. Marty Mauser es un embustero, un ladrón, un oportunista que busca cumplir sus sueños sin medir las consecuencias de sus actos y sin saber que su juego ya ha sido arreglado por alguien más poderoso que él. Puede que Marty no sea supremo, pero su historia, su intento por buscar gloria, aunque sea solo momentánea, lo es.
