
Desde su debut, Emerald Fennell ha ido consolidando un sello autoral muy reconocible. A la directora británica le interesa construir obras que incluyan escenas polémicas capaces de provocar un impacto inmediato en el espectador, y su nueva película no es la excepción, pese a tratarse de una nueva versión de la novela del siglo XIX escrita por Emily Brontë, ‘Cumbres borrascosas‘.
A lo largo de la historia del cine —prácticamente desde la llegada del sonido— esta obra ha sido adaptada en innumerables ocasiones. Sin embargo, esta versión destaca por ser una de las más libres, ya que deja de lado varios personajes y subtramas para concentrarse casi exclusivamente en la relación entre sus protagonistas y en la dimensión del amor imposible que los une.
En esta reinterpretación conocemos a Heathcliff (Owen Cooper en su juventud y Jacob Elordi en su etapa adulta), un niño huérfano adoptado por el patriarca de la familia Earnshaw (Martin Clunes), propietario de la mansión Cumbres Borrascosas, situada en las tierras altas de Inglaterra. Allí convive con Catherine (Charlotte Mellington de joven y Margot Robbie de adulta), con quien desarrolla un vínculo profundo, marcado por la complicidad y la protección mutua. Con el paso de los años, ambos crecen y su relación se fortalece a través de las adversidades que enfrentan, siempre bajo la mirada de la sirvienta Nelly (Hong Chau), testigo silencioso de su cercanía desde la infancia.

Ya en la adultez, y en medio de la inminente ruina económica provocada por el alcoholismo del padre, la llegada de los vecinos Edgar Linton (Shazad Latif) y su protegida Isabella (Alison Oliver) introduce un elemento de tensión que pondrá a prueba la relación entre Heathcliff y Catherine justo cuando ambos comprenden la verdadera naturaleza de sus sentimientos. Sin embargo, la incertidumbre del futuro que Heathcliff puede ofrecerle terminará empujando a Catherine a aceptar la propuesta de Linton.
La novela original, más que una historia de pasión romántica, es una profunda crítica a las clases sociales de la época victoriana, a la centralidad del dinero como mecanismo de ascenso y a la irracionalidad que puede dominar una relación amorosa. De hecho, una de sus características más distintivas era su ausencia de idealización romántica: presentaba un entorno áspero, dominado por la desolación, la violencia emocional y la fuerza indómita de la naturaleza.
La adaptación de Fennell, en cambio, opta por enfatizar casi exclusivamente el componente pasional, dejando en segundo plano elementos fundamentales como la presencia del paisaje como fuerza narrativa —y como simbolismo del carácter impetuoso de sus protagonistas—, el origen marginal de Heathcliff y la compleja red de personajes que dotaban a la obra de profundidad social. El resultado es una historia más íntima en contexto y considerablemente más reducida en alcance temático.
Para quienes busquen versiones más fieles, la adaptación dirigida por Andrea Arnold suele considerarse una de las más cercanas al espíritu de la novela. En contraste, la propuesta de Fennell llama especialmente la atención por sus cuidadosos detalles estéticos: una escenografía impresionante que remite al cine clásico de grandes producciones como ‘Lo que el viento se llevó‘ de Victor Fleming, con fondos saturados de color, elementos deliberadamente anacrónicos —como vestuarios de látex y lentes de colores— y una puesta visual suntuosa dominada por una paleta cromática donde el rojo se convierte en el tono predominante.

La fotografía, a cargo de Linus Sandgren, acentúa esta estética cercana al lenguaje del videoclip, apoyada además por la música Anthony B. Willis y las canciones de Charli XCX. En varios momentos, las imágenes remiten a aquellas portadas de novelas románticas con el hombre estilizado de pecho descubierto y cabellera larga y lisa, como las ilustraciones asociadas a las obras de Laura Kinsale.
Lo más admirable del proyecto es que su directora logra materializar una visión profundamente personal: una versión libre, concebida desde una sensibilidad juvenil (su yo de quince años estaría feliz), con el presupuesto y la libertad creativa necesarios para acercar la obra de Brontë a nuevas audiencias. No obstante, el resultado final es una fantasía lujuriosa y ornamentada que privilegia la explicitud sexual y el espectáculo visual por encima de la complejidad emocional.
A pesar de ello, la película sí consigue transmitir la frustración, la imposibilidad y el temperamento destructivo que definen el vínculo entre sus protagonistas. Aunque las interpretaciones centrales pueden sentirse desiguales —o incluso discutibles en términos de adecuación a los personajes, particularmente en el caso de Elordi y Robbie—, quienes realmente destacan son Alison Oliver y Hong Chau, que dotan a sus roles de una intensidad emocional y una humanidad contradictoria que enriquecen notablemente la narrativa.
En definitiva, esta adaptación requiere ser vista desde una perspectiva de aceptación: no como una traducción fiel del texto original, sino como una reinterpretación estilizada y contemporánea. Puede disfrutarse por su propuesta visual y su audacia estética, aunque por momentos su imaginario resulte acartonado, impostado y excesivamente teatral, más cercano a una ficción erótica que al drama romántico devastador que define la obra literaria.
Lo que sí es indiscutible es que Emerald Fennell logra nuevamente generar conversación en torno a su visión, ya sea para elogiarla o cuestionarla. Probablemente, para nuevas generaciones esta versión se convertirá en una “adaptación pop” de referencia, tal como ocurrió en su momento con la reinterpretación de Baz Luhrmann de ‘Romeo + Julieta‘.
Calificación final: 
1/2
‘Cumbres Borrascosas’ llegó a los cines el pasado 12 de febrero, cortesía de Warner Bros Latinoamérica.
