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‘Paradise’ Temporada 2: el peso de los imperios

Paradise

Atrapada entre el esperado regreso de ‘Severance‘ de Apple TV y el inesperado fenómeno médico indie del Centro Médico de Trauma de Pittsburgh, el año pasado llegó casi en silencio a Disney Plus/Hulu la primera temporada de ‘Paradise‘, creada por Dan Fogelman y protagonizada por Sterling K. Brown. Lo que en principio parecía otra apuesta de thriller político terminó convirtiéndose en un fenómeno inesperado de ciencia ficción con 7 millones de visualizaciones en sus primeros 7 días. Y tras un inquietante final “feliz” —con Xavier Collins (Sterling K. Brown) pilotando una avioneta rumbo a Atlanta para encontrar a su esposa— la serie dejó a los espectadores frente a una pregunta incómoda: ¿realmente quedan sobrevivientes ahí afuera?

La temporada pasada inició con el gancho perfecto: el presidente ha muerto y el jefe del servicio secreto es el principal sospechoso. Todo esto en un mundo sospechosamente estilizado, demasiado limpio y controlado, que en su primer episodio reveló que no estábamos en Estados Unidos, sino ante una versión encapsulada del país: un “Jardín del Edén” construido dentro de un búnker en las montañas de Colorado. A partir de ahí, Paradise dejó de ser solo una partida de Clue para convertirse en una partida de ajedrez, donde los millonarios siguen teniendo el control y donde el poder no se sostiene por ambición, sino por miedo. El miedo a perderlo todo.

Paradise
Cortesía de Disney Plus Latinoamérica.

La temporada inicia con un cambio de protagonista, Xavier Collins y su cruzada por encontrar a su esposa en Atlanta será tema de otro episodios y en el primer episodio conocemos a Shailene Woodley como Annie. Un capítulo que inevitablemente remite al aclamado 1×03 de ‘The Last Of Us’, “Long, Long Time“, al ofrecernos otra perspectiva del antes, durante y después del colapso mundial. Desertora de medicina y convertida en guía turística en Graceland por elección —sí, pausa obligada para decir: viva Elvis— Annie representa algo que la primera temporada apenas insinuaba: no todos los sobrevivientes formaban parte del tablero. Algunos simplemente intentaban vivir.

Como ha explicado Dan Fogelman al desarrollar la serie, la intención detrás de ‘Paradise‘ no es centrarse en el apocalipsis en sí, sino en las personas que quedan después y cómo responden emocionalmente al colapso de sus mundos. Y al iniciar con Annie está temporada da justo en el clavo. Un personaje cuya infancia marcó su adultez y que ve en Elvis un recuerdo, una idea, de resiliencia que une su pasado y su presente durante el colapso y con ello la esperanza de un futuro cerca del tablero, cuando Thomas Doherty, alias Link se reune con ella. Como en el mencionado episodio de ‘The Last Of Us‘, cuando Joel llega a la vida de Bill y Frank, la perspectiva de Bill cambia por completo. Es algo basicamente una persona incorrecta en el lugar correcto… o al menos eso es lo que Paradise quiere que creamos.

Al igual que la segunda temporada de ‘Silo‘ —que en su primera mitad se dedicó a explorar el vínculo entre Juliette Nichols (Rebecca Ferguson) y Jimmy Conroy (Steve Zahn) en ese “otro” silo que parecía imposible—, los siguientes episodios de Paradise apuestan por construir la relación entre Xavier Collins y Annie. Como en la mayoría de estas historias sobre el fin del mundo, el puente inicial está hecho de desconfianza y cautela, pero si quieren sobrevivir a la crisis en progreso, tendrán que cruzarlo juntos.

El ritmo en esta trama puede sentirse más pausado, dado que la acción o nuestra principal preocupación como espectadores podría estar en el momento donde Sinatra despierte del coma, pero eso no impide que el trayecto de nuestros perfectos desconocidos sea emocional y físico. Todo conduce a un cuarto episodio que funciona como clímax emocional de la temporada, uno de esos capítulos que suelen convertirse en carta de presentación en temporada de premios.

Paradise
Cortesía de Disney Plus Latinoamérica.

Una pregunta que tras ver ya siete de ocho episodios de esta temporada me surge en mi cabeza es: ¿es Sinatra el personaje más trágico y cruel de Paradise? Para algunos la respuesta podría ser clara. Hemos visto cómo quedó marcada por la perdida de su hijo y cómo reina bajo el poder dentro de su “junta directiva” —si así queremos llamarla—. Pero en una serie cuyo tagline es: “Nunca se trató del búnker“, Sinatra podría no ser solo una malvada millonaria: es alguien que está sobreviviendo a su propia devastación. Usó su dinero como influencia para tomar decisiones, sí. Pero ¿puede la pérdida personal y el poder ser una excusa para el autoritarismo?

Es tan profunda la huella que ha dejado Sinatra —una excepcional Julianne Nicholson— en el “gobierno” de Paradise, que su relativa ausencia entre el final de la temporada pasada (en coma, tras el disparo de Jane) y el inicio de esta resulta casi irónica para sus intereses que son más extraños de lo que uno pensaría. Lejos de provocar el caos, su ausencia permitió que el gobierno de Henry Baines (Matt Malloy) contuviera la situación que el final de la pasada tanteó y devolviera a la población a una calma inquietante, con los ojos bien cerrados.

La serie no es ajena a fisuras y el equipo de guionistas recuerda que Cal Bradford (James Marsden) tenía un hijo que impulsará una pequeña subtrama que no verá frutos hasta el episodio siete, acompañado de un personaje importante en el tramo final de la temporada pasada. Al mismo tiempo, Gabriela (Sarah Shahi) —la terapeuta del búnker— y Jane (Nicole Brydon Bloom) —la agente del Servicio Secreto— sostienen otra línea narrativa que, en apariencia secundaria durante la primera mitad, promete consecuencias mayores para el futuro de la serie.

Superado el primer tramo de la temporada y tras ese contundente cuarto episodio, la serie intenta acelerar el ritmo. Sin embargo, quienes busquen una progresión más lineal de la trama principal pueden sentirse frustrados: la segunda temporada de Paradise insiste en fragmentar su narrativa para que entendamos mejor las decisiones de nuestros personajes y cómo el pasado afecta en el futuro. El segundo bloque vuelve a apostar por dos grandes flashbacks, acompañados de una ligera progresión en los arcos narrativos de Xavier y Sinatra. Y ahí surge el problema estructural: uno de esos regresos al pasado resulta revelador para nosotros como espectadores, viendo la actualidad de Xavier (Spoiler que vale la pena esperar), pero el otro termina sintiéndose redundante tras el episodio centrado en Annie, diluyendo el impacto que la primera mitad había construido.

Cuando llegamos al cliffhanger del séptimo episodio, un discurso que Cal Bradford en un flashback funciona como síntesis de toda la temporada: “Los imperios no caen por falta de preparación. Caen por el peso de tanto plan B“. La frase no solo anticipa los movimientos de Sinatra, sino que redefine el conflicto central. Porque si Xavier está dispuesto a hacer lo imposible por reunirse con su familia, Sinatra está dispuesta a hacer lo mismo por preservar su imperio. Ambos operan desde el miedo a perderlo todo. La diferencia es que uno lucha por amor y la otra por control.

Así que en pocas y sencillas palabras, la segunda temporada de ‘Paradise‘ confirma que Dan Fogelman entiende que las historias sobre el fin del mundo nunca han tratado realmente del mundo, sino de quienes intentan sostenerlo. Aunque por momentos cae en los vicios estructurales de las narrativas apocalípticas contemporáneas, logra preservar la esencia de su primera entrega y amplificarla: recordarnos que incluso los imperios mejor planteados pueden tambalear cuando alguien decide cuestionarlos. Porque al final, más allá del miedo, del control y de los planes alternativos, Paradise sigue siendo una historia sobre lo más simple y lo más peligroso a la vez: la capacidad humana de amar… y de sentir.

Calificación final: ⭐️⭐️⭐️⭐️ 1/2

La segunda temporada de ‘Paradise‘ llegará a Disney Plus el próximo 23 de febrero. Un episodio semanal se emitirá hasta el 30 de marzo.

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Arturo Matehuala Diaz
Arturo Matehuala es el fundador y Jefe en Redacción de El Saber Del Todo. Fanático de los blockbusters y consumidor bestial de las series, mantiene a flote a toda la comunidad sabelotoda, desde su bello SLP.