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‘La vida de Chuck’ – Reseña: Mike Flanagan se pierde en el misterio de la vida

La Vida de Chuck

La experiencia humana es un espectro donde lo incomprensible se vuelve tangible, donde lo abstracto se impone sobre una definición literal del tiempo, el espacio y la persona misma. La Vida de Chuck, la nueva película de Mike Flanagan, es un intento de condensar esta experiencia en 111 minutos. Se trata de un objetivo ambicioso, pero que termina desmoronándose en sus manos a pesar de sus mejores intenciones.

Basada en el cuento homónimo de Stephen King, La Vida de Chuck narra la existencia de un hombre desde su niñez (Benjamin Pajak) hasta su adultez (Tom Hiddleston), con una breve aparición del Chuck adolescente (Jacob Tremblay). Es complicado describir la película como algo más, esto debido a que el nuevo filme de Mike Flanagan opta por una estructura única para contar su historia: contar la historia al revés, comenzando con el tercer acto y cerrando con el primero, generando así un suspenso creciente en torno a los símbolos y significados que la narrativa ha plantado desde sus inicios.

En cierta manera, esto divide a La Vida de Chuck en una película dividida en 3 segmentos que se sienten como mini-películas independientes: un primer acto sobre el fin del mundo, un segundo sobre la crisis nostálgica de un hombre que se acerca a sus cuarenta, y un tercero que es lo más cercano que Flanagan ha estado en hacer su propia versión de Los Fabelmans. Esta estructura alimenta al aura de misterio e interés que el filme puede crear en su espectador, hasta el punto en que incluso el menos interesado se siente impulsado a descifrar el secreto que envuelve la cinta: el enigma de una vida plena.

La película es melosa y a veces muy cursi, con diálogos que en ocasiones rayan en lo ridículo. Pero es el oficio de Flanagan —quien en proyectos anteriores ha logrado aterrizar eventos sobrenaturales y góticos de manera natural— el que sabe cómo posicionar esa híperrealidad tan suya, donde sus personajes caen en monólogos en repetidas ocasiones y todos comparten una misma voz elocuente. Esto provoca que el mundo de Chuck sea más afable y accesible para las audiencias. Desgraciadamente al llevar a la película a una mayor audiencia, provoca que el director de Doctor Sueño se desprenda de una gran cualidad que lo ha destacado en sus anteriores proyectos; no solo la ambientación gótica, sino la profundidad con la que abordaba sus temas.

Mientras que otros filmes y series de Flanagan han tocado temas oscuros, logrando así crear experiencias profundas y reveladoras sobre personajes rotos y perdidos en el mundo que de una forma u otra encuentran su camino, en La Vida de Chuck solo intenta algo similar de manera referencial. El problema de estar dividida en tres secciones es que ninguna llega a dejar una verdadera marca. La idea de que cada acto se siente como una película distinta: el primer acto (que es el tercero en la narración) es el más efectivo, donde Flanagan retoma más las ideas de terror que tanto le han caracterizado en su carrera, explorando un fin del mundo llenos de temas góticos. Con el segundo acto, hay un cambio total de estilo. Se pierde un poco la estética presente en el primer acto para posicionar la cámara en una realidad más plana y realista, un poco más aburrida y mucho más alejada de la perspectiva subjetiva que hacía único al primer acto—una cualidad de la que carece el resto del filme.

Es decir, una vez dejamos el tercer acto y entramos a la titular vida de Chuck, el trayecto parece perder un poco de su introspección. Mientras que el segmento protagonizado por Chiwetel Ejiofor y Karen Gillan (personajes afectados por el fin del mundo y el misterioso anuncio de “39 grandes años de Chuck Krantz”) coloca al espectador en los zapatos de los personajes, el segundo acto parece dejar atrás cualquier decisión creativa que busque esa identificación. Porque hasta cierto punto parece que el filme deja de hacer el esfuerzo y simplemente permite que el espectador se sienta identificado tras sus ideales tan simples y generales sobre la vida. En su lugar, deja que el guion haga todo el trabajo pesado mediante ideales simples y generales sobre la vida, para generar empatía falsa con el espectador.

Es al llegar al final—al primer acto cronológico—cuando que todas las piezas deberían encajar. El filme no se molesta en esconder sus intenciones y revela su misterio de una manera tan absurda y poco sutil que te lo tienen que confirmar múltiples veces. Es como ver una película de Marvel llena de referencias, pero no sobre películas que viste hace uno o diez años, si no de los primeros dos actos que acabas de terminar. Esto hunde demasiado a la película, en especial porque no funciona. Resulta mucho más vergonzoso que cualquier diálogo cursi o monólogo melodramático, ya que la película está tan convencida de que la audiencia espera una gran revelación y que no se esperan tal giro hasta el punto de que hacen referencia hacia lo que pasará una y otra y otra vez.

La Vida de Chuck
Cortesía de Diamond Films México.

Es un poco decepcionante, en especial como fan del director. En un intento por explicar algo como es el vivir, un tema que se siente mucho más apto para un director como Terrence Malick o inclusive alguien más formalista como Wes Anderson, Flanagan pierde su sentido de ser, su voz como artista, por un intento a apelar a todo el mundo con una historia tan simple que reduce a la experiencia humana como algo que se dictamina y define en nuestros años jóvenes; un mundo en el que el ser humano deja de crecer después de su adolescencia, sin la opción de cambiar ante el poder absoluto que la nostalgia tiene en este. Sorprende que ideales como este se encuentren en la nueva película del director de La maldición de Hill House y La maldición de Bly Manor, proyectos en el que la nostalgia y la opresión que esta causa se presentan con consecuencias paranormales en el presente.

Creo que lo más impresionante de esta película es la forma en la que, a pesar de tener estos problemas tan críticos, es muy afable, dulce y sincera por lo que es complicado odiarla. Este probablemente sea uno de los mejores trabajos que varios de sus actores han dado en años, desde Mark Hamill hasta Chiwetel Ejiofor, en especial Tom Hiddleston quien procede a demostrar un carisma y talento en una sola escena de baile. Es muy esperanzador que inclusive si el director se encuentra perdido en la destilación de su ambición su habilidad para dirigir a actores no carece. Inclusive, siendo el editor de esta película, Flanagan crea un proyecto tan interesante, jugando un balance perfecto para crear una película que en teoría no debería de funcionar ni tener sentido, ¡pero lo logra! Es casi un milagro que funcione tan bien como lo hace, aunque el guion y la dirección queden un poco a deber.

La Vida de Chuck
Cortesía de Diamond Films México.

Al final, La Vida de Chuck es un intento de Mike Flanagan por explicar el sentido de la vida, tan complicado como eso suena, de la manera más simple posible, dejando en evidencia lo risible que un hecho como esto es. Flanagan, quien ha proyectado diversos fantasmas del pasado en sus proyectos, toma la oportunidad para buscar el lado bueno de la vida de tal forma que el director se siente totalmente perdido. A pesar de sus mayores esfuerzos, su honestidad y su franqueza ante una historia que logra mantener al espectador con sumo interés, La Vida de Chuck se convierte en un tedioso intento de demostrar que la vida vale la pena vivirse, pero sin aportar tanto a la experiencia de vivir como lo cree.

Calificación final: ⭐️⭐️ 1/2

La Vida de Chuck‘ tuvo su gran estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto de 2024. La película es distribuida por Diamond Films.

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Carlos Ruiz
Veracruzano fanático de cine que vivió la mayor parte de su vida a más de 50 kilómetros del cine más cercano. Estudiante de Letras Inglesas que siempre aprovechó una oportunidad para ver una película, antes, durante o después de su horario de clase - así como para estudiar materias que le acercaran más al cine. Amante del Séptimo Arte con el pequeño fallo de que no sabe cuándo detenerse. También escribe para Palomita de Maíz.