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‘Avatar: Fuego y cenizas’: Más grande, más larga, más densa

Avatar: Fuego y Cenizas

¿Qué tienen en común ‘La Diligencia‘ (1939, John Ford), ‘Mad Max: Furia en el camino‘ (2015, George Miller), ‘2001: Odisea en el espacio‘ (1968, Stanley Kubrick) y el Sacrificio de Isaac del Antiguo Testamento? Todas son historias fundacionales: viajes físicos y espirituales donde el desplazamiento redefine a sus protagonistas. Ecos de esas épicas —cada una a su manera— resuenan en la más reciente película de James Cameron, ‘Avatar: Fuego y ceniza’. Cameron reniega de cualquier criticismo sobre la historia de las anteriores entregas, que si repetitiva, que si derivativa, que si insignificante, y le da al espectador un pastiche del cine blockbuster a través de los años en la entrega más reciente de su franquicia de ciencia ficción.

La historia continúa directamente donde terminó ‘Avatar: La forma del agua’ (Cameron, 2022), con la familia Sully aún atrapada en el conflicto entre humanos y Na’vi.

Integrados en su totalidad al clan de los Metkayina, los protagonistas enfrentan decisiones que no solo amenazan su estabilidad familiar, sino también su lugar en Pandora y el misterioso designio que Eywa parece tener para ellos. Jake Sully (Sam Worthington) y Neytiri (Zoe Saldaña) atraviesan el duelo por la muerte de Neteyam (Jamie Flatters), mientras que Lo’ak (Britain Dalton), Kiri (Sigourney Weaver), Tuk (Trinity Bliss) y Spider (Jack Champion) buscan definirse en una guerra que heredaron. Al mismo tiempo, Quaritch (Stephen Lang), tras sobrevivir a los acontecimientos de la entrega anterior, forja una alianza inesperada con Varang (Oona Chaplin), líder del llamado “Pueblo de las Cenizas”: una facción Na’vi que ha renegado de Eywa y cuya visión radical amenaza con incendiar Pandora desde sus cimientos.

Avatar: Fuego y Cenizas
Cortesía de Century Studios Latinoamérica.

Al igual que en las entregas anteriores, la historia de ‘Avatar’ funciona más como un vehículo que como destino. Cameron utiliza sus dotes como director para crear realidades nunca antes vistas y ponerlas en un envoltorio familiar y sencillo. Esa simplicidad dramática, vuelve a convertirse en arma de doble filo. Los roles de los personajes son tan transparentes como antes, el sentido de moralidad de la historia sigue sin cambiar y las intenciones narrativas permanecen firmes desde 2009. ‘Fuego y ceniza’ no reinventa la rueda, por el contrario, la sobrecarga con tramas, personajes y narrativas de a montón, pero, debido a la sencillez de las historias presentes, se logra construir algo interesante.

Es a través de esa base narrativa directa que la película puede entregarse por completo a la intertextualidad. No habíamos visto un ejercicio tan consciente de apropiación desde que George Lucas estrenó ‘La amenaza fantasma’ en el verano de 1999. Cameron no solo emplea los recursos técnicos aparentemente ilimitados para expandir Pandora, sino que también utiliza su propia saga para poder recrear sus influencias artísticas en un medio que está totalmente a su disposición.

El apartado técnico del filme, como en los casos anteriores, es lo que resalta sobre todas las cosas. Recordar que todo lo que se ve en pantalla ha sido creado en computadora, la cámara grabando espacios digitales que no existen en la realidad, con personajes que realmente no están ahí, recreando acciones y haciendo mímica detrás de escenas para poder vender la realidad que Pandora, los Na’vis y las criaturas que habitan este planeta son tan tangibles como los lentes 3D que la mayoría usa al ver esta película en cines. Esta hiperrealidad, producto del magnifico avance de los efectos visuales, permite a Cameron crear secuencias y escenarios fascinantes, cargados de simbolismo y reverencia hacia lo que vino antes. Para algunos espectadores, esa densidad puede resultar excesiva; para otros, será satisfactoria.

Avatar: Fuego y Cenizas
Cortesía de Century Studios Latinoamérica.

Las secuencias de acción como el asalto aéreo que introduce a la facción Mangkwan remiten tanto al clímax de ‘La diligencia’ como a la furia motorizada de ‘Mad Max: Furia en la camino’ o una secuencia aérea donde Neytiri recrea el asalto a las trincheras en ‘Star Wars: Una nueva esperanza’ (1977, George Lucas), referencias que Cameron utiliza para hacer de ‘Fuego y cenizas’ el blockbuster más grande de la temporada y construir una mitología que traspasa la barrera del tiempo. El aspecto más interesante de esta intertextualidad es cuando Cameron se cita a sí mismo, con la presentación de motivos presentes en películas anteriores, entre ellas la forma en la que el pasado de Jake Sully y su conexión con Pandora hace eco en los destinos de diversos personajes.

Con una duración que supera las tres horas, ‘Fuego y cenizas’ debe sostener una cantidad considerable de tramas y desarrollo dramático. Aunque el ritmo se mantiene firme durante buena parte del metraje, el peso de esa ambición termina por notarse: cada hora se siente. Al trabajar con tanto material —y por integrar constantes autorreferencias— el tercer filme de ‘Avatar’ vuela muy cerca del Sol, muy similar a como ‘Misión Imposible: Sentencia final’ (2025, Christopher McQuarrie), otro espectáculo de gran escala que privilegia la acción por encima de la solidez del guion y se debilita en sus momentos más íntimos. Aunque esto crea un espectáculo cinematográfico como ningún otro, también crea una narrativa que a momentos cae bajo su propio peso.

Es con ‘Avatar: Fuego y cenizas’ que James Cameron demuestra su maestría técnica bajo los recursos y posibilidades que el cine digital le proveen, así como la verdadera pasión detrás de esta franquicia; la posibilidad de contar historias previamente contadas bajo la visión populista del director. Pocos cineastas —si acaso ninguno fuera del propio Cameron— podrían concebir un espectáculo de esta escala. Son películas llevada a escalas tan grandes que necesitan de las pantallas más colosales para disfrutar este filme en su máxima expresión.

A pesar de ambición desmedida —la duración, la intertextualidad constante y la multiplicidad de tramas— ‘Fuego y cenizas’ tropieza en varios puntos de los cuales solo se recupera a través de la escala de su acción, pero no sin abrumar a las audiencias al mismo tiempo. Al final del día, Cameron quería crear una historia épica como las que menciona en el filme, de proporciones bíblicas, y el resultado es la película más grandiosa del año y la sensación de que volver a Pandora es un compromiso que exige resistencia.

Calificación final: ⭐️⭐️⭐️ 1/2

Avatar: Fuego y Cenizas‘ llegó a los cines el pasado 18 de diciembre, cortesía de Century Studios Latinoamérica.

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Carlos Ruiz
Veracruzano fanático de cine que vivió la mayor parte de su vida a más de 50 kilómetros del cine más cercano. Estudiante de Letras Inglesas que siempre aprovechó una oportunidad para ver una película, antes, durante o después de su horario de clase - así como para estudiar materias que le acercaran más al cine. Amante del Séptimo Arte con el pequeño fallo de que no sabe cuándo detenerse. También escribe para Palomita de Maíz.